Leonor Calvera

 

Dhammapada. El camino de la Ley Moral.
Edición bilingue. Traducción y comentarios: Leonor Calvera.
1983 - Editorial Hastinapura, Buenos Aires.
Traducción y comentarios: Leonor Calvera.

COMENTARIOS
Dhammapada, la médula de la doctrina budista - Por Horacio Balcarce
Cultura Libros - Tiempo Argentino - Domingo 29 de abril de 1984

Prologo al Dhammapada
Leonor Calvera

Buda y el budismo

El príncipe Sidharta, del clan de los Gotama, tribu de los Sakya, nació en el año 563 a. C. Kapilavastu, en la frontera del Nepal, fue l¡¡. ciudad donde vio la luz el futuro Buda. Su padre, el rey Sudodhana, debido a una profecía que vaticinaba que el príncipe no lo sucedería en el poder, quiso preservarlo de todo daño, de toda contemplación del dolor. El intento tuvo éxito hasta la juventud del príncipe. Por esa época, durante tres paseos sucesivos vio la decrepitud de un anciano, la enfermedad de un apestado y el entierro de un hombre muerto. El espectáculo de estas realidades con las que no estaba familiarizado lo conmovió, sumiéndolo en una grave preocupación por la materia de la vida y de la muerte.
El proceso de reflexión sobre aquellas realidades le abre nuevos campos que obran en él internamente por cierto tiempo hasta que acaban por manifestarse en la toma de una decisión trascendental. Sin despedirse de Goa -su mujer, con la que se había casado en la adolescencia- ni de Rahula -su hijo-, ni de ninguno de los suyos, abandona la residencia paterna. Descifrar el porqué de la existencia y también la trama de lo no-nacido es el norte que lo guía. Ignora los medios por los que llegará a tal fin. Sólo sabe que ha de hallarse ligero de afectos para que ninguna razón sentimental trabe su búsqueda.
Cinco maestros le acercan cinco caminos distintos, que recorre hasta agotarlos, sin que ello le permita arribar a la comprensión, al conocimiento. Su cuerpo está torturado por las ásperas telas que lo visten, por los ayunos a que lo somete, por las espinas tiobre las que se acuesta, por las largas horas de permanecer de pie a que lo obliga. Nada produce los frutos deseados: las puertas de la percepción continúan cerradas.
Pasan varios años de mortificaciones y reflexión. Por último, en el bosque de Uruvela, donde se retirara a meditar, tuvo su primera iluminación. Esta le sobrevino hallándose sentado bajo el árbol Bo, la higuera sagrada. De inmediato procura transmitir la certidumbre que lo había asaltado en esa iluminación que duró tres días. En cumplimiento de ello predica por primera vez~las Cuatro Nohles Verdades, base y esencia de la doctrina budista

¿Cuáles son las Cuatro Nobles Verdades? Muchos textos budistas -tal como el Dhammacakkappavattana-suttam- las trascriben extensamente, pero pueden resumirse en que la vida es dolor, que el deseo es la causa del dolor, que existe la supresión del dolor y que esa vía es el Noble Octuple Sendero. Estas cuatro verdades aparecen divididas en dos descriptivas y dos preceptivas. Las dos primeras se amplían con la teoría de la generación condicionada o paticcasamuppada, que en diez puntos o fases da cuenta de cuanto crea y condiciona el dolor. Las últimas dos verdades requieren ser completadas con el conocimiento del Noble Óctuple Sendero.
El ariya attahangiko magga se compone de ocho preceptos o mandamientos: recto punto de vista, recta decisión o pensamiento, recta palabra, recta acción, recto modo de vida, recto esfuerzo, recta conciencia, recta meditación. A través de este camino Buda se colocaba en el centro de teorías extremas: las que alentaban la práctica de las austeridades más terribles para liberarse de esta vida, por un lado y, por otro, las escépticas, que hacían hincapié en la prosecución de los fines mundanos, sin olvidar las que enfatizaban el culto al sacrificio o las que se vertebraban alrededor del yoga místico. Buda no hubo de desdeñarlas por completo y definitivamente, sino que, por el contrario, señalaba que a cada una le corresponde un momento en el derrotero hacia la iluminación. La "vía media" que fue su propuesta. de algún modo las incluía. convirtiéndose así en un metodo psicológico flexible, que se adapta a cualquier individuo, por diverso que sea el estadio de comprensión en que se halle.
La ignorancia -avidja-, y fundamentalmente la ignorancia de las Cuatro Nobles Verdades, es lo que, según Buda, mantiene al individuo atado a la cadena de muertes y renacimientos. Tácitamente, sin detenerse a fundamentarla, Buda integra de este modo la transmigración a su pensamiento. Al igual que sus casi contemporáneos Mahavira, Kasankambalin e -incluso el mismo Maskarin Gosala, como prácticamente todas las teorías de su tierra, Siddharta Gotama acepta sin vacilaciones esa cosmovisión en que la ley de causa y efecto aplicada a la conducta humana es razón de sucesivos renaceres en este u otros mundos. Los frutos de las acciones cometidas -frutos buenos o malos- esperan su tiempo de maduración --en ésta u otra existencia- cerrando el paso de acceso a la liberación. Mas, ¿quién o qué es esto que se libera, de acuerdo al budismo? ¿Se trata acaso de un principio an4nado y perdurable, un alma -jiva- como en los postulados upanishádicos y del jainismo?

Buda no admite ninguna permanencia, ningún absoluto, ninguna sustancia. Todo muta, todo cambia, nada hay permanente, ni siquiera los dioses, tan transitorios como el resto, carentes del poder de cambiar el orden o ley cósmica. Por ende, resulta indispensable un alma individual que se mantenga inalterable a lo largo de los aconteceres de la metempsicosis. Reina lo fugaz. El yo no es sino ilusión, un conglomerado de percepciones, voliciones, fantasías, sentimientos, reflexiones, actos de conciencia.
No obstante, los agregados que conforman la personalidad, nutridos por el dolor creado por el deseo, pueden acceder a un estado~ indescriptible, positivo, al "supremo bien", como dice el Dhammapada. Ese algo inefable e incomprensible, el nibbana, se encuentra allende las palabras y las determinaciones, Mas, a pesar de ser inaprehensible, esa meta excelsa puede ser abordada. Y ello se consigue merced a un vehículo incomparable: el Noble Óctuple Sendero.
La disciplina que del Sendero se desprende -columna vertebral de la doctrina budista- combina técnicas físicas de salvación individual -tal como las yóguicas- con reglas que se refieren a la vida cotidiana. La: disciplina, sin embargo, aparece coloreada por un matiz admirable: la actitud de benevolencia hacia cuanto vive, sin odio, sin agresividad, sin rencor. Y junto con metta -la modalidad tolerante-, la moral budista preconiza la no-violencia, el desapego, la conformidad de conducta y palabra, el sereno conocimiento. Esta doctrina moral, rica en preceptos de vida y sabiduría, respuesta a las angustias básicas del hombre, hizo que el budismo dejara atrás las fronteras de su país natal para derramarse por las comarcas vecinas, encontrando eco hasta en China, donde sus filósofos vieron en Buda una figura similar a Lao-Tsé y en el budismo una rama perfeccionada del taoísmo.

Las divisiones del budismo

A partir de que el príncipe Siddharta accede al estado de nibbana en el bosque de Uruvela y hasta su muerte, ocurrida a los o('h nta años, recibió el adjetivo de Buda, esto es, el Despierto o Iluminado. Alrededor de ese Buda viviente se agruparon número de discípulos que atesoraban las enseñanzas del maestro a medida que las iba ofreciendo en distintas ocasiones.
Nada dejó escrito Gotama Buda. Por ello, a su muerte, quinientos monjes budistas que habían alcanzado la iluminación se reunieron durante siete meses para dejar en claro cuáles habían sido las pautas de su doctrina. Dichas conclusiones ya por entonces no contaron con una adhesión unánime. .
Cien o ciento veinte años después de la desaparición del maestro se reunió nuevamente un concilio para rever algunos conceptos y repudiar ciertas anomalías que habían comenzado a insinuarse en la orden budista. Consecuencia de ello fue que la comunidad quedó escindida en dos ramas: los sthauira o thera -los Ancianos- que representaban la posición tradicional y los Mahasamghika, -los de la Gran Comunidad. No obstante, las divisiones no terminaron con ese cisma. Sectas y sub-sectas se fueron sucediendo en el seno de la orden, entre las cuales figuran la Dharmaguptaka, la Lokottaravadin y la Prajñaptivadin que, al igual que otras similares, no se diferenciaban substancialmente entre sí.
En el año 80 a.C. resolvió celebrarse un gran concilio al que concurrieron no menos de dieciocho sectas budistas. Dicho concilio se reunió en Ceilán con el fin de poner por escrito las palabras del Maestro. El resultado fue la redacción de lo que se conoce con el nombre de "Canon Pali".
Discusiones, disentimientos, revueltas, habían sido y siguieron siendo la característica constante en la interpretación de la teoría búdica. Estas controversias alcanzaron el punto máximo con la separación del budismo en dos yana: el Hinayana o Pequeño Vehículo y el Mahayana o Gran Vehículo, originado en la secta de los Mahasamghika. El Mahayana -dividido a su turno en numerosos grupos o sectas- se diferenciaría del Hinayana esencialmente en que atenúa el fuerte acento que éste pone en la liberación individual, conseguida tras ásperos y duros esfuerzos. El Mahayana, en cambio, más ecléctico, menos riguroso, contempló una variánte que no había encontrado cabida en el Pequeño Vehículo: la posibilidad de una liberación colectiva. Con fuerza, surgió entonces la figura central mahayánica: el boddhisattva, el asceta que renuncia a emanciparse por compasión hacia los que aún se debaten en las oscuridades de la ignorancia que los ata al samsara, el siniestro molino, la implacable rueda de muertes y nacimientos. Árido, insular, el Hinayana, por el contrario, no ofrece soportes o ayudas exteriores, quedando consiguientemente reducido a una "barca" en la que no muchos se atreven a surcar las turbulentas aguas que, al ser do minadas, conducirán a la seguridad de la "otra orilla", al nibbana liberador.

El Dhammapada

El "Canon Pali" fue el primer gran cuerpo de doctrina fijado por los budistas. En su confección se utilizaron los materiales aportados por las diversas sectas hinayánicas en que se dividía el budismo. Las regulaciones de esas sectas estaban redactadas en los distintos idiomas de raíz popular hablados en la India de la época. A esos prákritos originales los budistas agregaron posteriormente el empleo del sánscrito culto.
El "Canon Pali" -que tomó su nombre de la lengua en que fue redactado- está compuesto de tres partes, por lo cual se lo conoce también con la denominación de Tipitaka o "Triple Cesta".
Esas tres grandes divisiones la constituyen la Sutta Pitaka o "Canasta o Cesta de los Suttas" (esto es, diálogos o discursos), la Vinaya Pitaka o "Cesta de la disciplina monástica" y la Abhidhamma Pitaka o "Cesta de la Escolástica". La primera de las secciones -la Sutta- comprende a su vez cinco libros: Digha-Nikaya, Najjhima Nikaya, Samyutta Nikaya, Anguttara Nikaya y Khuddaka Nikaya.
Una de las quince partes en que se divide este último es, precisamente, el Dhammapada, texto original del canon de la secta de los Theravadin, que ha llegado Íntegro hasta nosotros en su forma primigenia.
El Dhammapada es una extensa composición repartida en veintiséis capítulos que suman un total de cuatrocientos veintitrés estrofas, pronunciadas por Buda en más o menos trescientas ocasiones diferentes. El Dhammapada constituye la médula de la doctrina budista, no siendo aventurado afirmar que es tan relevante para el budismo como el Bhagavad-Gita para los hinduistas o los Evangelios para el cristianismo. Su interés, sin embargo, excede largamente el área donde fue gestado puesto que importantes pensadores occidentales le han concedido extensos estudios, habiendo sido asimismo traducido a las principales lenguas de Occidente.
El J)hammapada expresa en forma condensada la enseñanza de Buda, vale decir, que la vida es dolor, que el deseo es la causa del dolor y que existe un medio para llegar a la cesación del dolor.
La cosmovisión budista que le sirve de base se acepta como válida la teoría de las reencarnaciones tanto como el sistema de castas vigente en la India en tiempos de Siddharta Gotama. No obstante, Buda desestima la aristocracia proveniente del nacimiento, concediéndola en cambio a quienes se hallan en la búsqueda del nibbana. Prueba de ello es el nuevo giro que le imprime a la palabra brahman. En la acepción tradicional es el individuo que se halla más elevado en la pirámide de las castas. En el Dhammapada, por el contrario, denota al individuo que posee las cualidades que Buda encomia.
Una loable conducta a seguir, sostiene el Dhammapada, es abandonar la vida mundana para convertirse en bhikkhu, esto es, en un monje que vaga mendicando. El bhikkhu debe cumplir con la disciplina moral -sila- propuesta por la doctrina para poder llegar a la condición de arhant. El arhant es aquel que ha escuchado con fe -saddha- las enseñanzas de la doctrina búdica; que las ha puesto en práctica recorriendo el Noble Óctuple Sendero para finalmente llegar a la liberación -vimutti- mediante la concentración mental -samadhi- y el conocimiento -pañña-. Quien haya captado con certeza y profundamente la existencia ineluctable de la generación condicionada, logrando así la bodhi o iluminación, adviene a un estado tan sublime que hasta los mismos dioses lo envidian. El que ha despertado, quien se ha convertido en iluminado o buddha, remontando la corriente de la ignorancia, se halla fuera del mundo de las dualidades, libre del dolor, libre del miedo, libre del apego.
El buda representa el último escalón a que puede aspirar el hombre en este universo de los opuestos, así como también la consagración de las cualidades más altas susceptibles de ser desarrolladas por el género humano. Ante esos sabios sólo cabe la veneración. En tal sentido el Dhammapada afirma que venerar a los budas, honrarlos, constituye una dicha y un deber que sólo puede acumular méritos para quien lo ejecuta. :
Tener la mente alerta y vigilante, dominarla, poner en práctica el dhamma, alejarse de las pasiones, de la violencia y de la ira, llevar una vida de pureza, es el contenido básico que los budas transmiten para alejar al hombre del mundo del sufrimiento y acercarla al supremo bien. Inversamente, el necio que encuentra que nada hay superior a él mismo, que se complace en sus posesiones, que no escucha el dhamma, que no controla su mente y se deja llevar por las pasiones es un símbolo de cuanto debe evitarse para no quedar sumergido en la ignorancia, trabado en los obstáculos propios, alejado irremediablemente del nibbana.
El Dhammapada formula una estricta escala de valores: más vale la vida del sabio que ha comprendido el dhamma, que medita, que se esfuerza, que tiene conciencia del nibbana, más vale esa vida, aunque dure un solo día que cien años de la vida de un necio que nada comprende, que a todo se ha cerrado, que vive descontroladamente, solazándose consigo mismo. De igual manera desestima este mundo en que nos movemos por mutable y perecedero, en favor de la paz del nibbana-
Por ello, mejor es "entrar en la corriente" del estado de arhant que obtener el completo dominio de la tierra, la obtención del cielo y la soberanía sobre los mundos. Tal es la causa de que al buddha nada lo atraiga, de que en nada deje huella, seguro y sereno en su horizonte sin límites. .

El sendero espiritual que Buda propone es de fácil intelección: su mensaje no se dirige a un reducido grupo de intelectuales sino que tiene por destinatario a todo aquel que esté dispuesto a escuchar la voz de quien da una respuesta a la honda angustia del existir. Mas el Dhammapada no se agota en el análisis del cañamazo del existir sino que también discierne finamente las características de la conducta humana, advirtiendo en cada caso las consecuencias que padece quien se deja arrastrar por el torrente fantasmagórico de su propia entidad egoísta. Pero también señala, luminosamente, que el amor y la compasión carentes de apego son, en definitiva, la única norma válida para la armonía de las relaciones, para el conocimiento de uno mismo. Ese uno mismo para quien, --anulándolo, Buda fragua una trascendencia que se encuentra más allá de lo antipodal, del mundo de lo manifestado. Y a esa condición o estado de fusión de lo eterno con lo finito, punto de reposo de la conciencia, la denomina nibbana. Ese vacío sin vacío, ese absoluto, no pertenece a la categoría de lo inasequible: quienquiera se lo proponga puede alcanzarlo en esta tierra, en el aquí y el ahora. Cristiano o musulmán, budista o judío, rico o pobre, negro o blanco, ninguna distinción es válida porque Buda, el insigne, como Lao-Tsé, como Jesús, como los grandes maestros de la humanidad, expande la semilla de su enseñanza, que es el perfeccionamiento de la mente, la construcción del espíritu, para todo hombre que esté dispuesto a aceptarla sin prejuicios, con buena voluntad y simpatía.



Dhammapada
, la médula de la doctrina budista
Horacio Balcarce
Cultura Libros
Tiempo Argentino - Domingo 29 de abril de 1984

Luego de alcanzar la iluminación bajo el árbol de Bo. el príncipe Siddharta (luego llamado el Burla) dedicó sus días a transmitir las certezas que lo habían asaltado en el transcurso de su meditación. Predicó sus cuatro Nobles Verdades, agrupando a su alrededor a numerosos discípulos. Maestro eminentemente oral, no dejó nada escrito.
A su muerte, quinientos de sus seguidores, que habían alcanzado la iluminación. se reunieron para fijar sus enseñanzas. El "Canon Pali" fue el primer gran cuerpo de doctrina que establecieron. Su profusión arredra al comentarista: el "Canon" está compuesto de tres partes: la primera de ellas (la "Sutta Pitaka", o Cesta de los Discursos), comprende a su vez cinco libros, el último de los cuales --el Kuddaka Nikaya- está dividido en quince secciones: y una de esas secciones es precisamente el “Dhammapada”.

No parece aventurado señalar que el “Dhammapada" es la médula de la doctrina budista. A lo largo de sus capítulos expresa en forma condensada (con su peculiar discurrir epigramático) las Cuatro Nobles Verdades: esto es. que la vida es dolor, que la causa del dolor es el deseo. y que el medio para llegar a la cesación del dolor es el Noble Óctuple Sendero (recto punto de vista. recta decisión o pensamiento. recta palabra, recta acción, recto modo de vida. recto esfuerzo, recta conciencia, recta meditación).
Aunque es posible que los influjos de esta doctrina moral se hayan hecho sentir en los monasterios esenios del Mar Muerto. y que a través de éstos llegaran al mismo Jesucristo, los saberes del Budismo están insuficientemente difundidos en Occidente; 'quizá ello se deba en gran parte a su tradicional no proselitismo. Pero lo cierto es que. con su carga de  desinterés por las ambiciones terrenales, el Budismo indica luminosamente la vía del encuentro del ser consigo mismo (aunque, en rigor. no sea exactamente el ser de lo que se trate). El lector interesado bien puede hallar la puerta de acceso a esa Vía en el "Dhamampada" (en edición está excelentemente impresa y bellamente traducida), como en alguno de los textos que de y sobre Buda circulan hoy en la Argentina.