Leonor Calvera

Diosas, brujas y damas de la noche
2005 - Grupo Editor Latinoamericano

Las brujas son un enigma. Hoy como ayer provocan curiosidad, malestar y un interés variopinto que oscila entre la credulidad y el escepticismo. A veces objeto de burlas y desprecio, otras veces acosadas hasta el exterminio, siempre consultadas, las damas de la noche atraviesan todos los tiempos y latitudes.
En el imaginario colectivo la figura de la bruja se asocia con el vuelo de una escoba, una bola de cristal para adivinar el futuro o ancianas junto a un caldero mezclando extrañas hierbas para el amor, el deseo o la muerte. ¿Responde esto a la realidad? ¿Es cierto que incluso llegan a dominar los elementos y pueden producir sequías, inundaciones o cualquier otro año a voluntad?¿Son realmente personeras del mal o víctimas de prejuicios envidiosos que buscan distorsionar sus conocimientos y poderes? 
"Desde las Grandes diosas de la Antigüedad hasta el actual Movimiento de la Diosa", Leonor Calvera transita en esta obra un territorio fascinante cuyo recorrido "constituye una aventura azarosa y difícil" que permite comprender el mágico y libre mundo de la brujería tanto como las reglas de juegos de las sociedades represivas.

Entrevista a Leonor Calvera
Por Moira Soto - Página 12
 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-2443-2006-01-17.html

Chicas bravas

La relectura que Leonor Calvera hace en su último libro de los personajes femeninos, mitológicos e históricos, que rompieron el molde impuesto por el patriarcado, sumada a la erudición que rebosa, vuelve fascinante la lectura de Diosas, brujas y damas de la noche, un texto cuyo trasfondo traza la historia de la misoginia.

Rebeldes, sabias, insurrectas, vengadoras, desobedientes, místicas, refractarias al poder establecido, vampiras, santas, hechiceras: de esta laya son las figuras de mujer que habitan Diosas, brujas y damas de la noche (Grupo Editor Latinoamericano), el nuevo y cautivante ensayo de Leonor Calvera, un texto que prosigue y complementa las investigaciones desarrolladas por esta pensadora en Historia de la Gran Serpiente (Vinciguerra, 2000).

Feminista, activista de la primera hora del resurgir de los ’60, Leonor Calvera se ha especializado en religiones comparadas, ha traducido textos sagrados orientales como el Dhammapada y el Bhagavad Vita y ha escrito Las fuentes del hinduismo (Dédalo, 1979), Las fuentes del budismo (Leviatán, 1985) y Comentarios al Tao te King (Leviatán, 1989). En 1982, Calvera abrió nuevos y estimulantes caminos a la toma de conciencia feminista con El género mujer (Editorial de Belgrano), trabajo seguido por Camila O’ Gorman (Leviatán, 1986) y Mujeres y feminismo en la Argentina (Grupo Editor Latinoamericano, 1990). Su permanente empeño en hacer dialogar las religiones y los géneros le ha dejado espacio para componer dos libros de poesía: Mi casa en la ciudad, y Poemas y canciones a mi madre (1993). En una mañana tormentosa, entre rayos y centellas, Leonor Calvera brinda la entrevista que sigue a Las12.

La erudición que revela Diosas, brujas... no impide que sea un libro apasionante, al alcance de todo el mundo, que puede sorprender incluso a aquell@s lector@as más familiarizad@s con esta temática. ¿Partiste de conclusiones previas?

–Como me pasó con El género mujer, con Camila..., con La Gran Serpiente, en Diosas... me impulsó la búsqueda del conocimiento formativo y, por otro lado, desentrañar la madeja siniestra del funcionamiento de los grupos de poder con respecto a la gente, cómo se llega a dominar a gran cantidad de personas durante mucho tiempo. En varias de mis obras, entonces, el gozne está puesto en el análisis del poder.

Entre esa gente que es dominada, ¿las mujeres suelen ser las primeras víctimas?

–Exactamente. Sin desconocer que pueblos enteros han sido atrapados, a veces durante siglos, en estos mecanismos de poder. Cosa que, por otra parte, sigue sucediendo en la actualidad, pese a lo mucho que se habla de democracia.

Entre las grandes diosas y las figuras menores de la primera parte, no te detenés en las Diosas Madres del Paleolítico.

–Es que a ellas traté de perfilarlas en mi libro anterior: mi tesis es que de la Gran Madre Serpiente derivan todas las demás, que serían fragmentaciones de la primera Gran Diosa o como se la denominara en ese momento, porque estos nombres se los ponemos desde acá y ahora, con los parámetros culturales actuales.

Y masculinos, porque si hay un Dios Padre, tiene que haber una Diosa Madre...

–Claro, y tal vez el concepto no era exactamente ése. Hay un tema que estoy trabajando ahora, que es complementario de estos trabajos: la historia de la muerte a través de los siglos. Tema que de algún modo ya aparecía en El género mujer, en Camila y que está muy presente en Diosas..., donde me extiendo sobre una contracultura que se ha mantenido –a veces en forma subterránea– durante miles de años. En la actualidad, cada vez más, hay numerosas mujeres que se dicen a sí mismas brujas como una manera de volver a un pensamiento más abarcador, que no sea dicotómico masculino tradicional.

Entre otras interpretaciones que incita, Diosas... se puede leer como una historia de la misoginia. Es decir, del odio, el miedo, el rechazo, la interiorización de la mujer, apelando a diversos recursos, hasta los más crueles y aniquiladores.

–Sin duda estamos hablando de las raíces del miedo a las mujeres. En el caso de las brujas, uno de los objetivos era usarlas como escarmiento para que las demás mujeres no se desviaran de la norma, de los mandatos patriarcales. ¿Qué cosa más terrible que torturar y quemar para aleccionar a la mayoría?

Antes de la persecución de las brujas, explicás en detalle cómo fueron desvirtuados los rasgos originales de diosas como Kali, Hécate, Artemisa. Personajes como Lilith son borrados del mapa. Pero si hay un tema que nos toca de cerca en Occidente es el de la Virgen María, que desarrollás en la segunda parte.

–Prácticamente una invención de concilios y encíclicas, las fechas de celebración de la Virgen coinciden con los cultos lunares. Por otro lado, la virginidad fue reconocida recién en 1555 y mucho más tarde los dogmas de la Inmaculada Concepción y la Asunción. Realmente, la veneración a María fue un nítido caso de amalgama o apropiación, porque en el misógino panorama teológico de las primeras centurias cristianas se hizo sentir la necesidad de un principio femenino. Y fijate que ahora, en medio del caos, aparecen más y más vírgenes que ponen en evidencia la necesidad de rendir culto a una figura materna, protectora. La Virgen es una figura que no resulta conflictiva, es asexuada, no despierta los temores de la severidad de Dios Padre.

Es lo opuesto de la femme fatale...

–Obviamente, la contrapartida de Lilith, que tanta inquietud despierta, que les sorbe los sesos a los varones y les quita su poder genesíaco... Hay un temor masculino a la sexualidad femenina que está dando vueltas todo el tiempo. Por eso, pese a la supuesta libertad sexual actual, hay tanto chiste sobre sexo. Se dice en broma lo que nadie se atreve a reconocer en serio. En lo que se ve y se oye en televisión, el metamensaje es: “Ustedes son un objeto, nosotros las podemos sexualmente, no son más que un trozo de carne”. No hay horario que esté a salvo de este tratamiento denigrante de la imagen de la mujer. Creo que otra prueba del miedo masculino a la sexualidad real y autónoma de la mujer es el enorme avance de la paidofilia, que en última instancia no es otra cosa que falta de respeto a la alteridad femenina. Con una criatura, los hombres no se sienten cuestionados, son los amos nuevamente. Un análisis profundo de la paidofilia puede derivar en algunas sorpresas, si consideramos que esta aberrante práctica es un 98 por ciento masculina.

En los capítulos referidos a la Virgen María, al exterminio de las beguinas y más tarde de las brujas, se recorta la historia negra de la Iglesia Católica y su ambición hegemónica, política, económica...

–Es que la Iglesia se involucró muchísimo con el poder temporal de turno, incluso cuando pudo trató de someterlo a sus designios, desvirtuando el mensaje original del cristianismo. Se dio vuelta entonces, la doctrina del desprendimiento de bienes materiales, de genuina caridad... En algunos momentos, hubo grupos de monjes y monjas que fueron perseguidos porque querían volver a la pobreza original frente a una Iglesia que hacía todo lo contrario.

La cantidad y variedad de comunidades femeninas en busca de autonomía, de una cultura alternativa, de transmitirse conocimientos, fueron intentos reiterados de las mujeres de subvertir la situación de sojuzgamiento.

–Absolutamente. Lo intentaron a lo largo de la Historia y siempre fueron aplastadas por la fuerza, abatidas. Pero como después la Historia la contaron representantes del poder dominante, esta información se dejó de lado. Aun ahora hay muy poca gente que conozca la historia de las beguinas que después de todo fueron muchísimas y actuaron durante dos siglos y medio. Hubo beguinajes enormes, hasta de 18 conventos en Europa. El primer grupo surgió entre 1170 y 1175: después de un período de prueba de dos meses, adoptaban una sencilla vestimenta marrón, hacían votos de castidad de validez temporal y se avenían a una fuerte disciplina de trabajo. El papa Honorio III aprobó a estas “pías mujeres” y su número fue creciendo en Flandes, Alemania, Francia, Italia, a lo largo del Rhin. Rasgos distintivos de las beguinas fueron su cultura y su entrega a un fuerte misticismo. En 1325, una bula de Juan XXII afirmó que se debía considerar hereje a quien afirmase que Cristo no tenía bienes. Es el comienzo del fin de las beguinas. En 1310, Marguerite Porète es quemada por no querer retractarse de sus dichos en el libro Espejo de las almas simples. A partir de 1312, las propiedades de las beguinas, mujeres que en su mayor parte provenían de familias adineradas, son confiscadas, se obliga a muchas a casarse. En 1421 se disuelven todos los beguinajes y la persecución adopta forma de exterminio, unas cuantas mueren en la hoguera. Así se suprimió el primer movimiento de mujeres de la cristiandad y se borraron sus huellas. Del mismo modo que actúa el criminal, que después de matar limpia las huellas de su crimen...

El de las brujas es el genocidio del que menos se habla como tal, pese a la cantidad enorme de torturadas y asesinadas.

–Es cierto, no se lo menciona en el nivel de otros importantes genocidios, no hay un reconocimiento oficial. Una de las maneras de lograr que no se conozcan ciertas verdades es no integrarlas a la cultura general, marginarlas. Pensá que en la época en que acá se exterminaban las culturas americanas, en Europa se estaba quemando a muchísimas brujas. En realidad, tocar un tema de la mujer es tocar la cultura entera. Me interesa mucho últimamente la exploración de nuestro lado oscuro, que las brujas conocían muy bien. El mal que todos y todas tenemos adentro y a veces ponemos en figuras como las de las brujas para exorcizarlo. En tanto no reconozcamos esa parte siniestra en nosotros mismos, se la seguiremos atribuyendo a algún chivo expiatorio. Aceptemos la ambivalencia humana, nadie es de una pieza, de un color.

En tu ensayo no te olvidás de la gente pequeña, las hadas...

–Es un mundo maravilloso, que me conmueve. El libro está dedicado a mi padre y a su hermana, que amaban a la gente menuda: además de las hadas, los niños, algunos animales. Gente encantadora, es bueno que volvamos un poco hacia este pueblo.

¿Brujas y diosas se reciclan a fines del XX, comienzos del XXI?

–Creo que sí. Desde luego, no me refiero a las brujas de mercado, a la medida del consumo. Es algo cíclico: los grandes saberes terminan fragmentados y a veces desvirtuados, como en el juego del teléfono descompuesto. Hay pequeños grupos donde se encuentran el feminismo y el movimiento de la diosa, que tratan de vivir de acuerdo con sus propios ritmos, sus ideas, sus sentimientos y convertirlos en acciones, siguiendo una continuidad, una coherencia. Es lo que ha intentado hacer la gente espiritual de todos los tiempos, esos grupos que son como la levadura de la sociedad: vivir en consonancia, en armonía. Yo, como feminista, sigo creyendo en las utopías que pueden mejorar el mundo, contribuir al entendimiento, al pacifismo. Porque el problema es que estamos con una tecnología ultrasofisticada y con sentimientos anteriores al Paleolítico.



De Luis Tedesco:

Al finalizar la lectura Diosas, brujas y damas de la noche, puedo afirmar algo con absoluta y definitiva seguridad: nada de lo que escribió y escribe Leonor está manco de pasión, una pasión inteligente, una pasión emotiva y razonable, como querían los clásicos.
Siempre que se habla de un intelectual es bueno saber en qué lugar coloca el cuerpo: si dentro o fuera de la estructura de su pensamiento, si dentro o fuera de la sintaxis que nos comunica ese pensamiento, si dentro o fuera de la palabras, la sílabas e incluso las letras que, como murmuradores subjetivos de la interioridad, se expanden y desarrollan en ese objeto de resonancias impredecibles que es un libro.
El estilo no es más que eso: la manera en que el cuerpo marca a fuego el denodar de las palabras. Con esto quiero decirles que todo el cuerpo de Leonor Calvera está expuesto en sus ensayos, en sus poemas, e incluso en sus traducciones. Por eso, al leer este libro se puede advertir que no hay ninguna frase convencional, ninguna concesión automática al sentido establecido por el saber hegemónico, ningún lastre de convenciones heredadas y maniatadas por la institución cultural, ¡la institución cultural, la más peligrosa y represiva, la más maniatada por el precinto ominoso de la cognición autoritaria! 
Vale la pena tomarse unos minutos y comparar las declaraciones de papas, obispos, prelados y pastores y otros dignatarios eclesiásticos en relación a los hechos de barbarie implementados por las instituciones que representan, por un lado, y la narración emocional comprometida y catártica de Leonor Calvera. En aquello no hablan las personas, habla el interés mezquino, subsidiario, y retórico de las instituciones. Sus pequeñas manifestaciones de arrepentimiento no conllevan la necesaria, la impostergable devoción sacrificial que impone la magnitud de los crímenes cometidos. En Leonor Calvera habla el ser humano, la íctima, la condición humana barbarizada por la tortura y el sometimiento. Así como Flaubert dijo "Madame Bovary soy yo", Leonor puede decir, y en realidad su estilo loo dice, "Marguerite Porette soy yo, Juana de Arco soy yo… Todas las mujeres y hombres torturados y quemados por los genocidas encaramados en la patronal espiritual , todos ellos soy yo."
La virtud del libro de Leonor no se circunscribe a su extraordinaria capacidad de organizar la gigantesca masa de información disponible, a su claridad expositiva y al ágil discernimiento con el que nos lleva a lo largo de toda la historia. Diosas, brujas y damas de la noche es la obra de una poeta, de una gran poeta; por eso, allí donde la prosa expone con rigor y denuedo objetivo la maquinaria del exterminio, la poesía horada hasta encontrar la veta, el sentido sensible del acontecer, la razón indestructible de nuestro estar en el mundo. No hay belleza sin alegría, no hay alegría sin el resplandor de la bondad. Este libro está escrito desde la suprema instancia de la bondad, buscando la alegría torturada por los masacradotes de la libertad, y depositando en la belleza el desafío espiritual que nos impone sabernos sometidos por las reglas de juego de las sociedades respectivas.



De Gabriela Christeller:

Leonor: tu libro es estupendo; me asombra tu capacidad de acometer montañas. El tema a mí me tumbaría con vértigos.
Yo estoy bastante en la alquimia con los grupos de Bernardo Nante, y entre la psicotrónica y el hermetismo puedo de veras apreciar tu libro. ¡Gracias, gracias por todo tu trabajo y arte!


De Fernanda Gil Lozano:

"Diosas, brujas y damas de la noche": con este hermosos título Leonor Calvera escribió un texto que nos sumerge en un tejido de experiencias femeninas sutil y delicado.
En este ensayo, mito e historia no están planteados como universos opuestos, a pesar de sus diferencias intrínsecas, sino que fueron expuestos como dos formas afines en el relato ordenador de la realidad. En nuestros días, solemos pensar a la ciencia y el mito como dos universos opuestos. Incluso, muchas veces, afirmamos que algo es "científico" como sinónimo de verdadero, y que algo es "mítico" como expresión de una situación errónea, falsa o equivocada. Esta oposición tajante entre la "verdad científica" y la "falsedad mítica" surge de una repetición de hábitos, que inhibe el pensar lo que se dice habitualmente. Si pensamos el significado del relato mítico y del conocimiento científico desde una perspectiva amplia, quizá podamos advertir que mito y ciencia poseen, en un nivel profundo, más afinidades que diferencias.
Las brujas son un enigma. Su concepto esconde una variedad antropológica acallada a través de las culturas y el tiempo, convoca una extraña relación con el origen conceptual de lo femenino como rebelión, poder y coraje. Su oscuridad original caracteriza a la historia de la sombra, a la historia de las entidades negativas. 
El libro está dividido en seis partes consecutivas de la historia de las representaciones femeninas y las mujeres de carne y hueso protagonistas de las mismas. Esta secuencia tiene la marca particular de cada momento histórico y espacio geográfico y, a la vez, la repetición de "lo mismo", uno de los factores más importantes para producir lo siniestro. Otto Rank insiste en el hecho de que "el doble" fue primitivamente una medida de seguridad contra la destrucción del yo, un "enérgico mentís a la impotencia de la muerte". Sin embargo, cristianismo mediante, se produjo un cambio profundo que llevó a la demonización de la sombra, del doble, que la cultura va a explotar al máximo para visualizar la sombra, lo segundo, el dos como negativo.
Lo segundo, el doble, la sombra, lo femenino, comenzó a expresarse como parte oscura del alma, del cuerpo y de la vida, donde nace la negatividad. Lo femenino autónomo e independiente representó la reduplicación negativa. Además, esa parte negativa, negada fue y es testigo de las maldades perpetradas por el primer elemento del binomio, por eso la intención de reducirla al silencio en el mejor de los casos y a la misma muerte en sus versiones más extremas.
La persecución de las brujas, fenómeno de la época moderna, debe leerse como parte de la historia de disciplinamiento del género femenino: el prostíbulo, el convento o el matrimonio, el resto fue sospechoso. 
Al enfocar la mirada en el cuerpo como elemento activo en la constitución del sujeto, nos enfrentamos con las diferencias anatómicas, no sólo porque la cultura se encarga de darles una significación particular, sino porque la psicología constata que entre varones y mujeres promedio hay diferencias psíquicas que habría que explicar de alguna manera.
No se puede hablar de cuerpo femenino sino a partir de considerar la diferencia sexual y la inscripción simbólica que conlleva. Particularmente compleja y enigmática es la evolución de las mujeres. Desde el psicoanálisis, la pregunta que vertebra la discusión es: ¿Qué desea una mujer? Como historiadora, pienso que tal interrogante teórico no puede dejar de acompañarse con la mirada hacia la situación social y política de las mujeres. Es decir, desde el campo social se dibuja una problemática que sorprende por sus características prácticamente universales: la subordinación de la mujer y la sobre-estimación social de la actividad masculina. La fórmula varón dominante-mujer dependiente, que ha transitado épocas y sociedades, habla de condiciones socio-culturales asimétricas que muestran que la diferencia sexual, entreverada con el funcionamiento del poder, ha resultado opresiva para las mujeres. Comprender el papel estructurante del orden simbólico, las redes de lo imaginario y la constitución de lo real son los fundamentos metodológicos para ir construyendo un saber que pueda abrir las problemáticas teóricas sin caer en esencialismos que niegan el carácter histórico de la subjetividad.
Después de la lectura de este libro entiendo que existe una fractura en lo concerniente a la fundación del cuerpo femenino, lo que dificulta el encuentro pleno y gozoso con ese cuerpo, al tiempo que determina una angustiosa relación con sus posibles imágenes. El narcisismo de las mujeres es lucha por la valoración y defensa de su propia existencia del ser mujer y su cuerpo, y a la vez reclamo al otro que nos excluye.
En este desencuentro se ubica la tensión que posibilita la imaginación creativa y el orden científico como un gran relato integrador de las experiencias de las mujeres con sus representaciones, símbolos y cuerpos. Estos cuerpos femeninos nunca dominados ni plenamente liberados han danzado por el tiempo y el espacio tejiendo una curiosa experiencia cósmica. El silencio de las palabras que no fueron comprendidas con la magia de las milenarias artesanas de la historia y con hábiles manos se escribió como un bordado una imagen polisémica que pudo reunir todo el universo de la pasión. Así, una interminable historia de hojas blancas relata la trágica historia de la sangre roja que fluye sin aliento desde la matriz de los cuerpos silenciados.

 


De Marcelo Wiman:

Leonor Calvera recientemente ha puesto a la consideración pública su última obra titulada "Diosas, brujas y damas de la noche". Su lectura confirma los altos méritos evidenciados en sus libros y artículos anteriores, ratificando, en su carácter de escritora, poeta y ensayista, la fluidez y profundidad de su oratoria que es su constante en la conversación diaria, en su labor dentro del grupo Némesis, en sus conferencias o cuando en razón de su prestigio le encomiendan la presentación de un libro.
Se trata de una labor enjundiosa, avalada por una extensa bibliografía de múltiples autores comprendidos en una amplia gama de tendencias de la que ha extractado y trascripto, en su médula, las opiniones pertinentes, en apoyo de sus propias convicciones, convirtiendo la obra en una exposición sumamente documentada, realizada con un lenguaje claro, de fácil interpretación, incluso para los lectores neófitos, los que sin mayor esfuerzo, al recorrer sus páginas, quedarán atrapados hasta el último capítulo. Sin embargo, la sencillez de la redacción no obsta para que los que tienen el hábito de la lectura valoren, en su justa medida, los conceptos profundos vertidos en sucesivos párrafos que impulsan a poner en marcha la capacidad de razonamiento para extraer, de lo insinuado y no dicho, las pistas que les permitan entrar en el juego que la autora propone, esto es, compaginar en base a las piezas-pensamientos del gran puzzle literario, la imagen final, que no será precisamente la misma para todos, siendo, pues, la capacidad, la ideología y el intelecto de cada lector quien en definitiva la determine. 
En efecto, "Diosas…", leído como libro de texto, configura la más atractiva y completa historia de la brujería en su connotación seria, científica, totalmente apartada de la idea que, por efecto de la superchería, se ha hecho carne en la consideración de la mediocridad, o en el folclore popular. Pero también es lícito admitir que la teoría expuesta por Calvera sobre la realidad y la vigencia de la brujería, avalada por la sólida documentación y sus personales aportaciones, es el mayor valor de la obra. No nos cabe duda sobre su aseveración de que el genoma humano, en su vasta complejidad, produce con frecuencia seres superdotados que sobresalen en las diversas disciplinas, ya sea en la filosofía, en la religión, en las artes y otras múltiples actividades. Algunos de estos hombres excepcionales llegan a concitar la atención de multitudes a tal punto que sus seguidores sentirán por ellos tal fascinación, según su fe, convicción o interés, para darles el carácter de genios, brujas o dioses. La existencia, tanto actual como pretérita, de estos privilegiados capaces del buen manejo de las hierbas (base de la farmacopea moderna), de curar y poseer poderes extra-sensoriales es indiscutible por más que se les niegue a las brujas estas facultades que los detractores sí les adjudican a profesionales o a individuos endiosados o santificados por movimientos religiosos, según se trate. 
En mi modesto entender, el libro presentado va más allá de la simple historia de los hechos referidos a la brujería, porque su autora de continuo va aportando pistas para construir otras figuras del puzzle, como la que se obtendría de la respuesta de Artemisa ante la pregunta si ella es hija de Zeus y de Latona. Es evidente, aunque la autora no lo dice de manera directa, que las diosas y los dioses griegos y todas sus variantes, nos contestarían que todos ellos tienen como padres reales los mandatarios del poder helénico, que les dieron larga vida para utilizarlos como factores de dominio y usufructo del pueblo.
De entre los innumerables enfoques que se pueden realizar en el texto de "Diosas.." uno, no menor, es el vinculado con la metamorfosis experimentada por los Dioses principales y menores a partir de remotas épocas en que los trogloditas y hechiceros de la prehistoria eran los intérpretes, ante la tribu, del poder atemorizante que emanaba de los misterios vitales y de los meteoros inexplicados, los que aún o tenían representación humana. En la medida que la mente de los primitivos se perfeccionó, el aspecto religiosos se hizo más complejo y en tanto la filosofía (ciencia) comenzó su avance, la teología, sin distinción de etnias y estados, fue su compañera, transformando a los Dioses en seres con caracteres humanos o semihumanos, hechos a su semejanza, con los que se podía mantener diálogo directo a través de individuos elegidos por ellos. Como se desprende del texto, aunque parezca que toda religión es nueva, única y verdadera, no es más que la suplantación de la o las anteriores, en base a la apropiación de ritos, celebraciones y deidades, en muchos casos con el simple procedimiento de cambiarles los nombres. Eso sí, las que transitoriamente prevalecen tratarán de estar asociadas al poder terrenal, adoptando adecuadas norma de convivencia, adaptadas a principios éticos, morales y sociales.
Las historias que Calvera enumera también ponen de manifiesto que las organizaciones estructuradas no ahorraron esfuerzos y violencia para consolidarse y desarrollarse ecuménicamente, siendo un buen ejemplo de tanto horror "la caza de brujas" que involucraba a éstas y a sus pares, los herejes. Es tal el espanto que provocan los relatos de los sucesos históricos, que por su monstruosidad más bien parecen extraídos de la ficción y cuesta creer que el género humano los haya provocado. ¿Será, tal vez, porque las brujas rebeldes ante tanta degradación hayan pensado que la vida tal como se daba era peor que la muerte?
Resulta obvio señalar que la redacción de este ensayo es pulcro, de tema comprometido pero no polémico, escrito con gran economía de adjetivaciones, las que surgen por sí solas aunque no estén explícitas y convierten al libro presentado como ejemplar recomendable por su carácter didáctico, indispensable en toda buena biblioteca y elemento obligado de consulta.
Como colofón, nada mejor que transcribir el último párrafo de esta valiosa obra: "La necesidad de un salto cualitativo en el estar del ser humano en el cosmos ha legitimado a ala brujería como religión, creando así el último baluarte de la utopía. 


De Jorge Villanueva
Publicado en el boletín del Instituto de Psicología Paranormal. Mayo de 2006
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La autora, una especialista en cultura de la India y textos sagrados de extremo oriente- presenta un compelto estudio de las prácticas de la hechicería desde las grandes diosas de la antiguedad hasta el actual movimiento de la Diosa. A poco de leer Diosas, brujas y damas de la noche advertimos la enorme complejidad de fenómeno de la brujería, que atraviesa a la mayoría de las organizaciones sociales conocidas, y adquiere caracteres propios en cada tiempo y lugar. En términos generales, las brujas han suscitado siempre temores y recelos. Sin embargo, este miedo de base a sus capacidades o facultades se transforma en letal cuando se mezcla con figuras como el Diablo, los herejes o cualquier otra figura -como ocurrió con la caza de brujas de los tiempos oscuros. En consecuencia, resulta evidente que hablar de la brujería es analizarla dentro de las distintas modalidades de poder en que se inscribe. Un poder milenario que se ha manifestado a través de la violencia en todos sus grados. No existe sociedad donde no se haya producido el fenómeno de la brujería. Lo conocen los esquimales y lo conocieron los egipcios. No lo ignoraron los sumero babilónicos ni los griegos, ni los romanos. Era corriente en la epoca de la redacción de los textos fundacionales judeo-cristianos y persiste en el cenit de nuestra sociedad posmoderna tanto como en las denominadas culturas primitivas. De acuerdo a Calvera, en la civilización occidental, la historia de la brujería puede dividirse en tres grandes períodos o etapas. La primera, la mítico lunar, parte de un tiempo ignoto y se caracteriza por la presencia de las grandes diosas. Hay quienes suponen que en las cuevas del Paleolítico pueden advertirse formas rudimentarias de este culto y su probable objeto de adoración, que luego se manifestaría en complejas formas de adoración. Ese culto fue sufriendo modificaciones y agregados, adaptándose a los diversos tiempos y lugares. Así, florecieron en la Edad Media y en el Renacimiento con particularidades propias: es la brujería del pacto hasta configurar la segunda etapa, momento en que se producen las más grandes persecuciones conocidas que casi acabaron con la cultura de la brujería. Mantenida clandestinamente, vuelve a surgir siglos después, marcando el ultimo y tercer período, el actual, que se divide en dos ramas: la satanista y la del regreso a la Gran Diosa. Leonor Calvera lleva acabo un trabajo de investigación histórica diáfano y promenorizado que merece ser reconocido.

 


Publicado en Artemisa Noticias. 24/8/2006.
Silvia Chejter

¿Creen en las brujas? ¿Al menos les interesa conocer más sobre ese mundo que la ciencia moderna ocultó y al que el patriarcado ancestral desterró a las mujeres cuyas prácticas eran temidas por cuestionadoras del poder masculino? Si es así, este libro editado el año pasado, y que lamentablemente no logró su merecida difusión, es lo que tienen que buscar.

Leonor Calvera, cuya trayectoria ensayística va desde la publicación de textos sobre hinduismo y budismo, hasta feminismo y análisis de emblemáticos personajes históricos como Camila O’Gorman, introduce al lector -en Diosa, brujas y damas de la noche- en un recorrido histórico de la representación de este arte del conocimiento subestimado por el pensamiento científico sin por ello perder de vista el aparato represivo que se montó para este ocultamiento en cada momento histórico.

Los datos son precisos y documentados, la bibliografía es extensísima, y la profundidad de análisis de cada período la suficiente para un primer acercamiento a las prácticas de estas mujeres con el rigor necesario que probablemente exigirá un lector escéptico.

El libro arranca con las grandes y pequeñas diosas pre greco-romanas y en 22 capítulos agrupados en seis secciones desmenuza el mundo brujeril de aquelarres, pociones, unguentos; personajes famosos y no tanto; los distintos cultos y prácticas de cada época; los discursos montados para la exterminación de prácticas y practicantes; hasta llegar al siglo XX y dedicar dos últimos capítulos al Movimiento de la Diosa en boga en nuestros días en todo el mundo, también en Argentina, y del que probablemente Calvera sea una pitonisa ya iniciada, aunque claro, eso no es un dato conocido. Aún hoy, las brujas y chamanas deben mantener su anonimato.