Leonor Calvera

Entre las palabras y el silencio
2009 - Leviatán

Entre las palabras y el silencio recorre las múltiples maneras en que el ser se expresa, mediante la palabra, su necesidad y su capacidad de dar y recibir. 
El lenguaje conserva todo su misterio, su virtud creadora. Este texto se transforma en guía y fuente de cautivante lectura.


Reseña
María del Carmen Suárez

Leonor Calvera es una incitadora literaria. Cuando terminamos de leer uno de sus libros, y en este caso el que se presenta hoy “Entre las palabras y el silencio” nos queda un sedimento, una ráfaga, el impulso de seguir reflexionando, ahondando en los temas que ella siempre aborda con pericia y rigor.
El silencio está poblado de palabras, el inconsciente en es un reservorio de palabras. La vida es un texto ha ser leído y Leonor tiene el don de la palabra escrita.
Ella afirma “la escritura es la forma silenciosa de la palabra hablada”; entonces va tejiendo un tapiz circular de palabras y al terminar se adentra en el silencio. Hace una danza de derviches en el éxtasis de la palabra y salta al vacío para penetrar los goces del silencio donde habita la plegaria, el rezo, el encuentro con el ser interior e indaga. Es allí donde se diluyen los opuestos y la palabra es silencio y el silencio palabra. Escribe “Ha sido tarea del poeta componer el silencio desde las palabras, introducirles aquello de lo que originalmente parten”.
Leonor ha activado mecanismos, rituales, mantras y oraciones en su silencio profundo. Ha reverenciado el lenguaje, las sílabas, la palabra todavía no dicha. Y hay que viajar por hondonadas para arribar a una costa donde el mensaje puede estar escrito en la arena, en un cuerpo, en la sutil ala de una mariposa.
Lo que decimos es lo que somos, cada palabra emitida es un sonido que viaja por el universo; Leonor lo sabe, conoce acerca de la palabra de poder, de los mecanismos de dominación a través de un discurso, de la réplica , de un mensaje. Aborda la palabra desde todos los ángulos posibles y despliega su conocimiento, su vocación de tejedora silenciosa que siempre nos ofrece su visión del mundo.
Es mujer y exploradora, buceadora de su tiempo y de su entorno, nos advierte acerca de la dicha y el miedo y escribe “el aliento se hace palabra y la palabra se hace canto. El canto es el símbolo que religa, reúne a la criatura con la potencia creadora, es la alegría humana frente a la creación a la que adora y teme, es la tristeza de su soledad ontológica”. Y ese temor es la ausencia que también recorre el libro y que aflora en el capítulo Los grandes silencios. En el duelo exclama “ dolor en el corazón, dolor en la vida por quien ha partido. Su ausencia nos deja a solas con nosotros mismos, sin su amor , sin su consejo, sin su voz. Desconsuelo y llanto, pena y angustia son nuestro pan cotidiano. Nos embriagamos con las notas más tristes. A veces la palabra se hace canto.”
Es muy interesante recordar a Wittgenstein cuando sostiene “ de lo que no se puede hablar es mejor callarse” o “los límites de mi lenguaje significan los límites de mundo”. El apela a la práctica zen y según ésta es posible recuperar el estado de no lenguaje mediante el ejercicio del silencio.
Quizás cuando el verbo no existía el ser vivía recibiendo en silencio los poderes de la madre naturaleza. Era un silencio apacible y los humanos se hacían uno con el universo.
Advino la palabra y el ser se agitó. Tuvo que convivir con la palabra y el silencio, el abismo entre estas dos sensaciones fue una lucha permanente, un combate secreto, ya no podía vivir sin la naturaleza sin doblegarla, sin servirse de ella.
Leonor se sumerge en estos temas buscando el sentido.
Navega en la violencia de la prosa, en el círculo de la poesía, en la palabra y la oración, en las palabras de poder, los grandes silencios y los lenguajes del amor.
Palabra de honor, dar la palabra, la última palabra, palabra santa, don de lenguas, profetizar. Transitamos la ética, la profecía, la oración, la negación a través de la palabra.
Leonor nos recuerda a Ortega y Gasset cuando exclamó “la lengua es el hecho en que más clara y puramente se dan los caracteres de la realidad social y, por eso, en él se manifiesta con incalculable precisión el ser de una sociedad”. 
Y aparece la poesía, la visión de Leonor acerca de ésta, de su representación en la sociedad. La palabra en el poema que también nace del silencio. En ese reino todo sucede. Es un código de entendimiento, un vaso comunicante, una irradiación para conectarse con los otros más allá de los límites de lo tangible. Es conjuro, plegaria, alabanza y pasión. Las palabras como centellas que surgen de corredores internos, de parajes abandonados, de esperanza y fulgor, de cánticos antiguos.
Ella dice: “la verdadera poesía legitima el papel del creador en la sociedad cuando éste da vida a lo que callan el hombre y las cosas y se adentra sin miedo y sin dobleces en el corazón de la palabra”.
“Escribir es el modo de quien tiene la palabra como anzuelo: la palabra pescando lo que no es la palabra. Cuando esa no palabra – la entrelínea- muerde el anzuelo algo se escribió exclamó Clarice Lispector.
Leonor escribe: Las palabras pueblan el aire absorbiendo el oxígeno del decir verdadero. En la política, como en los medios, la palabra se ha vuelto tramposa escamoteando realidades y afirmando los que los hechos niegan. Y recuerdo a René Guenon cuando afirmaba acerca del abuso deplorable que frecuentemente se hace de ciertas palabras. Dijo: “No son simples negligencias del lenguaje; son síntomas de la confusión que reina por doquier en el mundo moderno, pues el lenguaje no hace, en suma, sino representar fielmente el estado de las mentes”.
Vuelvo al libro, señala la escritora “Bien sabían los monjes medievales que cuando aumenta la cantidad de seres entregados a ejercicios espirituales, a la práctica de la meditación y la plegaria, se van adelgazando las cadenas más pesadas del mundo que nos toca vivir. Por ello, se preocuparon que hubiera monasterios junto a las ciudades para ser posible que el tono de éstas fuera más elevado, para que no se convirtieran en cloacas de comportamiento sino que fueran el símbolo del triunfo sobre la materia”.
Es evidente que Leonor es conocedora profunda de los milagros de la palabra, de la carga energética que duerme en ellas posibilitando hurgar, desenterrar misterios ocultos, repitiendo plegarias en voz baja para arribar al silencio. Reingresar a las fuentes, a las cosas que designa. Y la palabra viva comienza a fluir en arabescos, en crucigramas, nos arroja hacia un campo misterioso, hacia atrás en el tiempo, allí donde se emitió la primera palabra.
Me gustaría citar al pensador brasileño, José Trigueirinho Netto cuando decía, y resumo al máximo sus apreciaciones acerca de la palabra: “El hombre común se distanció de la esencia que debería animarla. Como consecuencia los idiomas actuales no retratan de manera adecuada las realidades del mundo interior”. Y acerca del silencio escribió: “Cuando se conoce el silencio se conoce el amor. El silencio viene al encuentro del ser cuando éste se vuelca al interior de sí mismo. Fuente de sabiduría, en él están la paz y el poder de la trascendencia”. 
Este libro nos tienta, nos aguijonea, nos impulsa a valorar el instrumento, la herramienta que manejamos los que escribimos. Salimos del libro por un corredor luminoso hacia la tensión del mundo exterior pero con la certeza de la belleza reencontrada; cada página origina el deseo de reposar en el silencio de la palabra no dicha todavía, ésa que duerme en el corazón de los que se aman y en el ser que partió y ya no escucharemos. Nadie permanecerá indiferente ante este texto revelador.


 

PALABRAS Y SILENCIOS
Beatríz Broide - Mayo 2009


Duro es el mandato de la poeta:
nunca deberá confiar en el reposo que le brinda el alimento ajeno, 
sino que, venciendo el miedo que la ata al juicio de las gentes, 
ha de penetrar en su templo interior
y ser la palabra mágica, la pregunta eterna, la respuesta nunca dicha.
Leonor Calvera, Poemas y canciones a la madre


Todo libro de Leonor Calvera es, cuanto menos, inquietante.- “Entre las palabras y el silencio” , con un título sugestivo y sugerente , lo es en grado superlativo.- Corto y elocuente, nos ofrece desde su pasión por la búsqueda una magnífica creación literaria, elaborada a la vez como comunicación conceptual y estética en el marco de una travesía hacia un producto inmaculado.-

Leonor se introduce en el fascinante territorio de los eternos enigmas que siempre preocuparon – y preocuparán – a todos los seres humanos.-
Lo hace desde una óptica peculiarísima, original, con una mirada que impacta hasta los tuétanos y conmueve hasta las entrañas.-

Va recorriendo las múltiples dimensiones de las manifestaciones escritas y las voces verbales con las que varones y mujeres se han ido expresando en los más amplios de los sentidos.- Con “palabras recortadas contra el silencio, henchidas de silencio” , señala.- En esa expresión escrita que “es la forma silenciosa de la palabra hablada”.-
Desde el sonido del discurso donde se esconde esa presencia muda que todo lo envuelve.- ¡ Palabras que narran !.. ¡ Palabras que omiten!.. ¡ Silencios que cuentan!...
Ese sonido hecho palabra, esa palabra que es creación, esa creación que vela el silencio!...
Esa muralla de silencio que quizás pueda franquearse con la voz de la palabra!...

Simultáneamente , con el rigor de una estudiosa y la sensibilidad de una poeta , siempre tiene presente la sociedad real.- En su decir , no sólo describe: crea y produce.- Y ese valor performativo, constitutivo, lo convierte en determinante.- BIENVENIDO!!!.

Nos atrevemos a sostener que es una obra abierta, en el sentido antiaristotélico planteado por Brecht.- Y es también una obra de avanzada, en tanto pone en tela de juicio todo tipo de valores estereotipados , naturalizados , esclerosados y esclerosantes.- Con un movimiento sorprendente y audaz va atravesando y descorriendo los sutiles pero profundos hilos que forman la trama del orden establecido.-

Adscribiendo, compartiendo, o aún hasta eventualmente disintiendo con algunos aspectos en particular, queda clarísimo su desafiante esfuerzo hacia una CAPTACION TOTAL del universo sensible, inmensamente abarcativo en sus características relacionales y dinámicas, que se interna en los vericuetos de las fibras más profundas de la existencia misma.- 

Así , va dibujando el tiempo y la palabra creadora , la imaginación y la CREACION EN TODOS LOS PLANOS, como única respuesta eficaz a la degradación de sistemas y sociedades.
Se identifica con la causación circular acumulativa , la estructuración y reestructuración de la naturaleza y la sociedad, la oposición a la muerte.- 
Tiempo y palabras que son restituídos a la vida, que están siempre presentes, que se inscriben en el devenir bajo la impronta de la historicidad.-

Los comportamientos humanos son o tienden a ser significativos.- Recordando la feliz expresión de Lucien Goldmann podemos afirmar que los seres humanos propenden a hacer de su pensamiento , su afectividad y su comportamiento una estructura significativa y coherente.- 
Es precisamente en esa perspectiva, en ese plano vital , donde se inserta la creatividad de Leonor.- Su refinada percepción y su enorme vuelo poético le permiten llevar hasta sus últimos límites ese proceso de estructuración y superar dinámicamente el antiquísimo conflicto entre las estructuras existentes y los factores de desestructuración.-
Expresado con deliciosa fluidez y una emotividad exquisita realiza un trabajo formidable para llegar a ese equilibrio óptimo entre una nueva racionalidad y el nivel de lo imaginario.-
Y es justamente en la medida en que una obra consigue concretar esa coherencia privilegiada , esa unidad interna sin fisuras , cuando se convierte en una creación literaria mayor.-

Leonor lo logra.-

En su enfoque modélico de la vía de análisis elegida elude con certeza el “factum brutum” al que se refería Lucáks , procediendo a una cuidadosa construcción que le permite la conexión vital para acercarse a las abstracciones más generales .- 
Y es así, en ese despliegue concreto como va elaborando su pensamiento crítico hacia una totalidad de múltiples determinaciones.-

Quizás sea también un personalísimo aporte para tratar de superar la ancestral antinomia entre orden y caos.- Su orden sería el rechazo de un orden singular por una pluralidad de órdenes interrelacionados en una unidad esencial.- Por ello la obra es simbólica, ya que ese orden simbólico encierra una pluralidad de sentidos: … ¡ hasta el silencio de las palabras que no fueron comprendidas!...

Con una escritura sin conformismos ni hipocresías, sin ninguna concesión al supuesto “saber” hegemónico, va marcando el punto de partida de la intuición y de la representación , desgranando el origen de la cognoscibilidad desde su función en un conjunto articulado.-

Va perfilando entonces una apertura hacia lo posible proporcionando CREDIBILIDAD a esa posibilidad de cambio.- Ofrece esperanzas a la libertad y a la creatividad, valor y energía para buscar lo inesperado, liberando elementos disponibles para nuevas estructuraciones inéditas.-

Entre las palabras y el silencio” admite diversas lecturas desde miradas diferentes y distintas perspectivas sin traicionar la obra.- 

El libro está ordenado en seis capítulos armoniosamente sistematizados, en los que va exponiendo conceptos sólidos recostados en una información precisa y documentada. - Con pulido vocabulario e impecable sintaxis nada se presenta pasteurizado ni aséptico.- Transmite un mensaje vigoroso , vibrante , fuerte y cálido al mismo tiempo, sin fracturas ni renunciamientos.- Por sus estupendas cualidades y excelentes atributos, cada uno de los capítulos podrían y pueden leerse independientemente: tal la potencia y el peso propio de su contenido.-

Para finalizar , nos parece suficientemente elocuente el último párrafo de esta valiosísima obra: “ NO ES IMPENSABLE QUE NUEVAS CONDICIONES DE VIDA, NUEVOS ENFOQUES EN LAS RELACIONES CREEN UNA RUPTURA ENTRE SIGNIFICANTES Y SIGNIFICADOS OBSOLETOS PARA PERMITIR LA APERTURA HACIA MUNDOS MÁS VASTOS, RICOS E IMAGINATIVOS”.-

Muchas gracias por tu libro, Leonor Calvera.- 




Reseña

Beatríz Schaefer Peña
 - Julio 2009

Acabo de cerrar el libro “Entre las palabras y el silencio”, de Leonor Calvera y me pregunto: ¿Es el silencio el que ahora me habita o es esa palabra que se esconde, muda, detrás de su capacidad de expresión para irrumpir después, en el momento propicio, con toda la fuerza del grito contenido? Después de leer esta obra siento algo así como el estar suspendida en la instancia entre el no decir y el no escuchar: ese piélago invisible que es el silencio absoluto pero que se diferencia de la muerte porque de todas maneras se siente, desde él, la propia perduración.

 Esta lectura me ha dejado la necesidad de hurgar hacia adentro, hacia lo más profundo y doloroso, pero también lo más enriquecedor para quienes pretendemos “mostrarnos” desde la palabra reveladora, desde ese yo verdadero y oculto detrás de las sucesivas máscaras carnales.  La obra de Leonor Calvera se abre a infinitos cauces, muchos más, seguramente,  de los que la autora se propuso indagar  desde sus reflexiones.

 Quizá, también su escritura fue posible porque la criatura a quien le fue destinada  la dedicatoria, habitante ahora del territorio del silencio, tal vez  haya expandido ese espacio necesario entre la palabra expuesta y la otra, la que nunca puede ser pronunciada, toda vez que el instante del acontecer es siempre mucho más veloz  que su enunciado.

 Yo celebro este libro, no solamente por lo que movilizó en mi ánimo, sino  también por el valioso  aporte que representa a nuestra literatura. Gracias Leonor. 

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