Leonor Calvera

Mi casa en la ciudad
1975 - Ediciones Dead Weight


La espiral de la búsqueda

Ester Gimmernat de González

Mi casa en la ciudad de Leonor Calvera es una colección de poemas que apareció en Buenos Aires en 1975. Leonor es autora de otro libro en prosa El genero mujer que se publicó en 1982. Fundadora de una revista llamada Prensa de mujeres encabeza hoy en día un movimiento en pro de los derechos de la mujer en la Argentina.

Dada la difícil situación política y social que se vivió en Argentina durante los años 70 cuando la censura y la represión eran parte de la vida cotidiana, ser una defensora de los derechos de 1a mujer era más que problematico. Sin embargo, Leonor Calvera no dejó su país ni dejó de luchar por sus ideales. Si bien, con la creación de la revista perseguía ciertos fines didácticos que dieran alcance a un vasto publico femenino, en sus otros libros enfoca los problemas desde una perspectiva mas compleja, intelectual y erudita, alejándose así de una literatura propagandística. Su compromiso es más íntimo y profundo. No teme explorar ninguna época de la historia, ni acercarse a analizar los mitos más enraizados.
Mi casa en la ciudad, desde su portada cuestiona la apertura, la entrega misma del texto. El título del libro se encuentra en la parte de atrás. Si se toma el llbro como lo hacemos regularmente solo encontramos una portada vacía. Hay un título, pero en la contratapa: homenaje sutil al reconocimiento del silencio impuesto a la mujer por siglos de cultura patriarcal. De ese planteo parten los poemas: hay respuestas, mas están escondidas y en su multipllcidad confirman su sino relativo. Por lo tanto la poeta no instaura la búsqueda lineal y facilitada que solo la llevará al reconocimiento de lo ya largamente establecido por los sistemas de orden mascullno, va a elegir el espiral de la búsqueda para instalarse en el cuestionamiento del discurso social del que fue excluida, para valorizar desde esa voz poética las diferencias e inaugurar su propio texto.
Desde los primeros poemas "Una voz dice:"Vamos a construir una casa, vamos a construir la forma simple de nosotros"(p.10). la casa alude a esa larga tradición que la señala como el recinto propio de la mujer. Leonor acepta el reto, asume la metáfora y hace de la casa el laberinto mismo de su otro yo.
"Esta casa de contrastes, mi casa que me recibe. La de los lugares de mi historia, q/le como /In yo c8mbi6do.. ajeno por el tiempo, recorro hoy.(p.ll, mi subrayado)
Ese yo/casa abre un ámbito espacio temporal que se habita, se defiende, se
sufre: bastión defensivo, torre desde la que se intenta reconocer el mundo, pero a la par urna del miedo y el silencio, territorio del amor y de la muerte. Desde este atalaya una voz se atreve al desafío de decir, de nombrar. Si en su libro El género mujer desplegaba historia, mito y tradición para enfocar desde otro ángulo el conocimiento de la humanidad, la escritura de los poemas van más allá de personales escapes catárticos. Más bien evocan una herencia cultural desde la cual se pueda inspirar una acción Que podría considerarse política.
La complejidad que se trama en el texto no puede analizarse en unas pocas
páginas, por eso, sólo voy a estudiar en este ensayo el yo/casa como microcosmos desde el que puede intentarse el planteo de una cosmovisión capaz de interferir y cambiar la misma realidad en la que está insertada.
La perspectiva desde la que se escribe la enmarca la ventana que le ofrece el panorama de lo que está más a118: "Mi ventana da hacia un horizonte de niebla lejana, distancias ocultas y líneas cortadas."(p.13). De este modo desde la casa se alcanza una realidad desdibujada: niebla lejana, distancias ocultas y líneas que no se acaban. Los únicos contornos que se divisan son los de la mediocridad y la rutina: " Contornos transitados por bohemios y obreros de seria cara de baraja,"(p, 13). Este panorama no entusiasma, ni incita a la búsqueda: "Paisaje negro como la apatía Que me empequeñece"(p.13). Si vuelve la mirada hacia dentro de su morada encuentra "Una habitación oscura que atrae desde una puerta abierta.\ Estancia grande y vacía."(p, 16) Más la rutina que se encuentra en el mundo fuera de la casa vuelve los seres anónimos, simples colores cansados en el ritual de lo cotidiano:"En ceremonia repetida se deshacen las largas hileras.\... Por hoyos desaparecen, agujeros se tragan a hombres \ verdes azules de fatiga ."(p.67) y es en ese mundo exterior despersonalizado donde el único albergue es la intemperie: "Sabe que no hay refugio posible que solo la intemperie existe.\ Suplicio vive el solHario"(p43) . En esos peregrinajes por el afuera se enfrenta a la constante del desamparo y la soledad: "Recorriendo jardines poblé con lágrimas las tardes\...De nada decía mío. Sólo de puertas de cementerio.....(p.24). La tumba como otra forma de morada. En cada camino, en cada recorrido sólo se levanta la respuesta de las estatuas:" “aquel para el que nada importa se detiene ante la estatua ennegrecida por la lluvia"(p.53) pero allí están ellas, "las estatuas alcanzando nada"(p.12). Las estatuas son la marca más certera del ataque de la poeta a la mística misma de la pasividad femenina. Son en sí el incentivo para cuestionarse la falta de acción, SIn aceptar los cánones impuestos.
Al presentarse el mundo exterior rutinario y con estigma de soledad, la casa
se vuelve el ámbito de lo explorable. Transitar su espacio es recorrer temporalmente su historia.:"Recorro los largos corredores que son los largos corredores de la memoria, túnel que del instante lleva a las suntuosas estancias del recuerdo"(p.ll). Pero el tiempo no es sólo pasado, guarda en sí las inclemencias de un futuro previsible: la muerte. Así la casa es:"Recinto de vidrio y de arena donde juego mi sueño de muerte, mi ajedrez sin piezas, mi casa conserva el ayer."(p.23). Parece que este último verso la defiende del futuro, es un escape hacia el recuerdo. Más definitivo y desesperado se ofrece el verso que dice: "Moran en casas tumbas selladas", en la que ni gritos, ni llaves abren una posibilidad. Esa casa/tumba desata las preguntas que encaminan la búsqueda:" Donde está el grito que escapa de las casas?\ de qué meandros del infierno privado surge? de qué necesidad (p.45) y son mujeres las habitantes de tal casa y quienes la precedieron en su morada: "Las mujeres de mi casa están muertas."
Están muertas en vida, sirviendo, pariendo, embelleciéndose, Objetos sexuales, enloquecidas y vaciadas. Y al reconocer 1o que ellas fueron, se defiende desde la diferencia que las separa: "Soy la habitante única mujer de la casa que innumerables presencias poblaron". Si es habitante está viva.
Varios hombres de los poemas son ciegos: "En el pasado un hombre ciego entre trovador y mendigo \ me dio dolor, humillación."(p.23). Se generaliza esta ceguera a otros hombres: "El hombre que acecha a veces descansa.\...\V tiene en los ojos grutas..... (p.46) Un dicho dice que el que no sabe es como el que no ve, y estos hombres ciegos están apresados en su propio no querer saber: "Una red, oscura luz, teje su ley de encierro sobre 10s \ ojos fijos del ciego\...Sigue solo el cautivo....\ El ciego tiende la mano. La sombra a su lado tropieza y no cae."(p.51) La figura del padre como cuerpo y la de hija o mujer a su lado como sombra ha sido ampliamente estudiada. En este poema se refuerza con la noción de caída del ciego. Pero hay ocasiones en que la mirada del hombre puede ver: "Se fija el ojo en prisma del insecto sobre el descuido \ de la presa.\...\ Cerco en la sombra se quiebra y roba lo propio sagrado,\(p.62). Ojo Que persigue el cuerpo para apoderarse de él.
Es interesante como esta voz del texto trata de mantenerse al margen de una aclaración del sexo, especialmente al referirse a la pareja la cual no se define en términos de hombre/mujer. Esa pareja se ve también cuestionada: "-No debes solo de a dos pensar, decía sin pasión el \ángel que junto a mi camina, Que en mi mora."(p.35). Sin embargo, hay muchos poemas que ofrecen esa relación con un tú de variados tipos.
Tú que acompaña, ama, teme, muchas veces tú amante."Madura el día en flor, en una cueva, en el ángulo sin tiempo del abrazo de amantes."(p.80). Creo que la ambigüedad sexual del yo y el tú intenta incidir en las jerarquías impuesta a la pareja por la cultura. Borrando la alusión a su sexo se los iguala, en esa igualdad reside la esperanza: "Recorriéndote despacio encontraré tu cuerpo también \ la noche y que forma el día. Tú cuerpo caliente-dócil \miel y tabaco.\ Encontraré tu sexo sol al que canto en hora maga \de 1uz ardor. "(p.80)
La casa-yo está sttuada en el medio de una ciudad llena de peligros. El miedo y la persecución de esa guerra sorda flanquea  todos los caminos. Varias escritoras argentinas como Luisa Valenzuela, Elvira Orphee entre otras, han escrito sobre la agobiante desesperación de la tortura, la persecución y la violencia en la vida de mujeres atrapadas en la lucha. Varios poemas traducen la situación del terror: “Mensajes, sombras. Claves desconocidas. Advertencias mu1tiplicadas en avisos de pel1gro. Las víboras del miedo enroscan sus anillos en la sangre. Ruidos fugaces. Crece
el acoso. Zumbidos adentro, afuera.
Hay Que estar atento. Mensajes, ruidos.
Hay que prevenirse. Golpea sin cesar el universo hostil.
Teléfonos enemigos. Estremecimientos.
Pasos Que se van, vuelven. Claves, zumbidos. Lo cotidiano, agonía. Afuera, adentro peligro. Avisos, peligro y miedo y sombras y golpes y mfedo. (p.25) En esa situación se apela al otro miembro de la pareja. "Vuelve, vuelve a compartir mi casa. Vuelve para que la locura \no se instale a11 í"(p.25). Pero en otras circunstancias es el yo el que rescata al tú del peligro: “Extendiste tu mano en busca de apoyo. / Debimos andar precavidamente. Aunque tu cercanía me agotaba te protegí. Velé para que nada te dañara. Sostuve tu mano en mi mano hasta 11egar.(p.44)
En este poema se vislumbra vagamente una actitud maternal, protectora, que está ausente en otros textos. Se presiente una voluntad de alejarse de la
maternidad en 1o que parece un intento de diversificar el papel de la mujer más allá de su posición exclusiva de madre. La ausencia se hace activa e inscribe en sí ciertos fines políticos. Los niños pequeños no encarnan la misión de la madre, son el esfuerzo de 1o que nace para el cambio. :"Grita el niño destrucción y las viejas paredes se estremecen con el impulso nuevo.\ Grita el hijo que los padres no son so1."(p 7).
La palabra padres implica más que el papel de la mujer, es la re-estructuración' de todos los valores de la pareja y de la familia los que se proponen. Desde el primer poema del libro se menciona ese niño -adulto que hay en la poeta, ambos solos, abrazados por el viento. Esa soledad no es la que mencionamos relacionada con la intemperie. Es el ser individual separado de las imposiciones de papeles que 1o condicionan. Esta será la oportunidad de armarse de un lenguaje propio. La escritura va a iniciarse en "la casa", en "mi casa", es decir en el cuerpo mismo de la poeta. Write your body, Write your self proclama la femenista francesa Helene Cixous. Porque las mujeres alienadas del lenguaje , fueron literalmente condenadas al silencio, por 1o tanto encarnadas sólo físicamente. Leonor Ca1vera comprende que hablar es aceptar el código impuesto y nos dice: "El miedo talló en mentiras también las palabras de su boca"(p.54). y agrega "La voz resuena en ámbitos Que la deforman"(p.55). La posibilidad de iniciar nuevos códigos, de hacer o cambiar historia no le pertenecen . Por eso insiste:
“La red del lenguaje le está vedada.
No debe hablar y las palabras con historia dictan su\
agonía. Solo a la tierra puede contar la cadencia de sílabas que vuelven.
Sílabas que quieren fluir sin ser medidas.
Debe callar
La frase se pliega se cierra en voces, en letras, en jazmines emponzoñados de silencio.(p.56)
Así ofrece la verdadera cara del silencio. Sus sílabas buscan refugio en la tierra elemental donde la medida del sentido, del significado escapan el ritual de su sino cotidiano. Enunciar en silencio para cumplir con el deber. Dice:"Duerme muerte la casa .Cárcel de muros resquebrajados, rodeada de silencio."(p.57).Callar es morir. Por eso cada poema se atreve y en un aparente deshilvanado deambular va erigiendo la ciudad/mundo en la que está el yo/casa para instaurar los temas relacionados con lo femenino dentro de un sistema cultural.
Si nos detenemos a preguntarnos qué clase de textos en sí está Leonor Ca1vera desarrollando en sus poemas, sin lugar a dudas podemos concluir que es una escritura de mujer (pensando en woman's writlng). es decir escribir desde la conciencia de la diferencia destacando el carácter cultural y aprendido de las oposiciones, para rescatar a la mujer de su ámbito de sl1encio. Confirma la falacia de lo esencialmente natural, mientras afirma el carácter histórico y cultural de las estructuras sociales que conforman y moldean el papel de la mujer. Sin embargo, en forma más velada, hay un afán manifiesto en sus textos que implica una directa fuerza de acción tendiente a recuperar un espacio cultural para la mujer, el cual gracias a una violencia ejercida por siglos contra ella ha quedado. parece, sin posibilidades para combatir la opresión  de lo establecido. Esta escritura' se emparentaría más a un texto de implicaciones políticas, que ciertas escritoras feministas defienden como la única respuesta posible.
La serie de poemas sin título abren la marca de una búsqueda de múltiples y posibles respuestas. "En las cenizas los adivinadores de la suerte leen mi porvenir"{p.40), les dice a sus lectores que probablemente "Son creyentes de presagios"(p.48) . Las respuestas que van a cambiar el mundo conmueven y hasta mortifican. El apego a la vieja casa apela a la tranquilidad y en un poema que leo para terminar se refleja su miedo y su coraje para enfrentarse a los grandes cataclismos del cambio:
“Las puertas se abren, Se abre la casa y el viento golpea.
Con frío, con dolor hoy abro mi mansión desolada.
Dejo que desde el norte, desde el sur vengan y disipen el aire
de mi casa los fuertes vientos.
El viento de la ciudad se apodera de mi morada. las paredes crujen, los techos se agrietan prontos a derrumbarse.
Apenas reconozco los perfiles amigos de mi casa.
la casa de antes, la vieja morada llora. (p29)”
Sin embargo la poeta declara: “Soy el guia que, sentado sobre un muro derruido, cuida la casa de nadie.(p.30)
El último verso de la colección no cierra , no concluye el libro, aunque acaben los poemas hay una apertura que empuja al lector por los intersticios de su cuestionamiento, en el vacío de la casa de nadie, desde la que será posible, esperanzadamente, marcar el territorio de lo femenino para emprender, el diálogo de la igualdad.

 

MI CASA EN LA CIUDAD
Alicia Bello
Publicado en Árbol de Diana - Venezuela

Entrar en el poemario de Leonor Calvera es acceder a la duda de no querer abandonar una casa; o luchar contra la tentación  de arrojar lejos las llaves.
El tiempo es profundizado heracliteanamente: Una sola vez suceden las aguas del tiempo. Pero el tiempo, arrojándonos a su profundidad,  nos detiene frente a sus espejos:

Entre el alba y la noche me cercan miradas crueles-
...Sin embargo, vuelvo a descubrirme espléndida en pupilas                          
de amor.”

El tiempo también reiera sus aguas.  Y nuestra imagen.

“Espejos cubiertos / Reflejos que descubren imágenes que pasan /  Veladuras que callan fijezas del recuerdo (
Cubierta, la figura vuelve al espejo.”

La casa es morada. Y es:

“Una voz dice; ·”Vamos a construir una casa, vamos a
construir la forma simple de nosotros.”

Dentro de la morada, la visión del amor: y a partir de sus panes alimentarse de cercanías que agotan a la poeta y la desgarran hasta que; “Los días y los días traen más miseria. /  Y aún respira el gran animal tendido."

Leonor Calvera es lúcida: la Muerte aguarda. Inútilmente las manos intentarán proteger la casa morada de sombras y fantasmas:

Sigue solo el cautivo. En la noche se cruza con presencias opacas
Cruces de colores se clavan en sus ojos..
Y sólo sigue por quebradas relámpagos.”

Ella será:  “El cuego a su lado tropieza y no cae.”
En vano buscará la imagen primera:  La prometida a sí misma antes que la casa fuera habitada por los cuerpos en la fiesta del amor.  Los cuerpos la conmueven en el regocijo, pero también rasgan el sueño del júbilo Y las sombras arden en la casa.

“Duerme muerte la casa. Cárcel de muros resquebrajados,
Rodeada de silencio.”

Y el tiempo torna a ser vivenciado como las aguas del Cystro:

“El lago río cercano fluye.”

Leonor Calvera duele. Que nos duela.

“El que aprendió a volar yace en tierra
Bajo un cielo de plomo, de sangre, tras rejas de acero
Con su carne propia va pagando la vida.”

Y el sexo también es morada: Espacio para beber. Espacio de embriaguez. Barca en la que los cuerpos vivencian la belleza. Lugar del sol.
Es infrecuente hallar en la poesía argentina contemporánea un poeta que recurse vocablos cuyo uso sea habitual, cotidiano, y realimente esos vocablos incluyéndolos en la escritura con un sentido que trasciende el regular para espaciarlos.  Es el caso de Leonor Calvera. El universo que es la escritura = poema = mensaje hallan en la poeta el ser que afirma en la palabra escrita  el secreto de sus brumas. Por ello Leonor Calvera nos duele: nos vamos de su “morada” pero llevamos en nosotros la universalidad del cansancio, de la muerte, de esa extraña necesidad de habitar casa y ciudad.

“¿Abandonaré casa y ciudad?
No puedo rasgar aún el velo que de la vida a la muerte me lleva.”

¿Podemos nosotros?